Un AGRI MAX como tripulación de tierra

Nueva Zelanda es un extraño y bonito país. Hemos visto sus maravillosos paisajes en películas como El señor de los anillos y muchas otras. Se trata de un país cuya extensión es apenas inferior a la de Italia (a la cual se parece por su forma de bota), pero que está habitado por apenas cuatro millones y medio de personas de las cuales el 87 % vive en las ciudades. Un país que se independizó del Reino Unido tan solo en 1947, donde la agricultura y la ganadería siguen siendo la principal fuente de riqueza y donde la productividad de los terrenos todavía se mide en quintales de mantequilla o de lana por hectárea. A pesar de la cultura generalmente puritana y conservadora (llevada por los primeros colonos anglosajones), Nueva Zelanda siempre ha sido un país muy a la vanguardia: por ejemplo, fue uno de los primeros en permitir el voto de las mujeres en 1893 y fue el primero en experimentar la agricultura aérea en 1906, cuando el agricultor John Chaytor utilizó un globo para sembrar altramuces en el terreno de su familia. Y fue precisamente en Nueva Zelanda que, tras la Segunda Guerra Mundial, se desarrolló la práctica del top dressing, es decir, el sembrado y la fertilización de los cultivos empleando medios aéreos. Sin embargo, cabe decir que los primeros experimentos se realizaron en Estados Unidos, durante los calientes años veinte, cuando los aviones y los pilotos militares fueron empleados para pulverizar insecticidas en algunos cultivos amenazados por plagas de orugas. Los terrenos de Nueva Zelanda son pobres en fosfatos y necesitan que periódicamente se pulvericen fertilizantes para garantizar el crecimiento del forraje y de los cultivos. Debido a las grandes extensiones de los pastos y de los cultivos, a algunos agricultores neozelandeses se les ocurrió (entre los años veinte y treinta), usar pequeños biplanos Tiger Moth para sembrar y pulverizar sus terrenos. Tras algunos experimentos, la idea fue adoptada oficialmente por el Ministerio de Obras Públicas, recurriendo a la gran cantidad de bombarderos y aviones de transporte de la Real Fuerza Aérea de Nueva Zelanda, usados durante la Segunda Guerra Mundial. Los aviones fueron vendidos a bajo precio por el Gobierno y, a partir de aquí, nació una auténtica industria privada del sector: se crearon fábricas para construir nuevos modelos específicos para las labores agrícolas y se fundaron compañías de trabajo aéreo que se dedicaron al top dressing. Actualmente, hay 112 compañías que realizan diariamente sus actividades en Nueva Zelanda con una flota de más de 230 aviones de todo tipo. En una de estas, la Southern Aviation, un Agri Max 75.10 se utiliza como tripulación de tierra, para el suministro de semillas o fertilizantes. En este caso, la Southern Aviation utiliza un Fletcher FU-24, un avión ligero americano nacido para el ataque al suelo, reconvertido con éxito al uso agrícola. El ágil y potente FU-24 puede despegar en pistas improvisadas, llevando una carga de más de una tonelada, a una velocidad de 230 km/h, hasta 350 km de distancia. Los despegues y aterrizajes se suceden desde el alba hasta el atardecer para utilizar al máximo las horas de luz disponibles y también porque se ha de trabajar en terrenos que, a menudo, están a millas de distancia entre sí. Por esto, cuando el avión está en tierra, es muy importante recargarlo lo más rápidamente posible: al igual que en la Fórmula 1, el tiempo es oro. Así, pues, una vez aterrizado el avión, el piloto lo gira y lo deja a punto para despegar apenas haya sido cargado. Nuestro Agri Max, dotado con una tolva especial de vertido rápido, llega cerca del avión y, gracias a su brazo extensible, coloca la tolva en la correspondiente escotilla de carga, situada inmediatamente detrás de la cabina de pilotaje. En tan solo unos pocos segundos, una tonelada de semillas o fertilizante pasa de la tolva al avión. Como en una coreografía, apenas el Agri Max está a la debida distancia de seguridad, el avión despega de nuevo, mientras el Agri Max llena la tolva para el siguiente suministro. Parece fácil, pero existe un procedimiento establecido e importantes reglas de seguridad que se deben respetar, como la distancia del Agri Max a las superficies móviles y a la hélice en movimiento, o la precisión en el acoplamiento a la escotilla de carga: un golpe inobservado o material derramado que afecte los mandos pueden tener graves consecuencias, tanto para el piloto como para el personal de tierra. Con Agri Max existe otra ventaja: gracias a sus características de todoterreno y al gancho de tiro, puede aventurarse en pistas de aterrizaje muy remotas, arrastrando el remolque con los productos que se deben pulverizar. No todas las compañías de trabajo aéreo se han equipado con un Agri Max con tolva, pero quizás después de leer este artículo…